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Cuando una persona recibe la noticia de que ha sido diagnosticada con artritis, la primera preocupación se enfoca en las consecuencias físicas que le va a causar esta enfermeda. Sin embargo, poco se habla de las consecuencias psicológicas que conlleva recibir el diagnóstico.
En un principio, la persona empieza a sentir una serie de emociones negativas que parecen salirse de control. Puede sentir ira, miedo, frustración y tristeza. Estas emociones son normales, pues la persona siente impotencia y la sensación de que ya no va a poder hacer las cosas que solía hacer antes de recibir el diagnóstico.
Vivir con artritis, significa vivir una batalla día a día. Se trata de una enfermedad degenerativa que afecta la capacidad de la persona para realizar tareas tan simple como vestirse o cepillarse los dientes. En algunos casos, es posible que la persona
ya no pueda salir de casa tanto como antes debido al dolor que siente en las articulaciones.
Es un proceso sumamente difícil, no solo para la persona que lo está luchando, sino también para su familia, amigos y cercanos. Por esta razón, es de vital importancia que todo el círculo primario de allegados al paciente se ajusten y acepten los cambios en el estilo de vida que empezará a adoptar la persona.
Buscar ayuda profesional siempre será la mejor idea. Esta enfermedad desencadena problemas psicológicos como cambios de humor, depresión moderada o severa, perfiles de ansiedad y ataques de pánico. Lidiar con estos síntomas por su cuenta puede ser difícil y muchas personas sufren solos durante años antes de buscar ayuda profesional.
Es más que comprensible que vivir con artritis sea un proceso emocional y comportamental muy fuerte. Sin embargo, hay muchas maneras de mitigar este impacto. A continuación, dejaremos diversas alternativas que puedes considerar para empezar a integrar en tu estilo de vida, o para recomendar a tu familiar o amigo que se encuentra pasando por esta situación:
Recuerda, convivir con esta enfermedad no es nada fácil, el hecho de hacerlo cada día ya te convierte en un luchador o luchadora. Apoyate en tus más cercanos, ninguno tiene la culpa de lo que sientes, tú tampoco la tienes. Comunícate y explícales tus sentimientos y necesidades, de esta forma podrás sentir el cambio. La enfermedad no se debe apoderar de tu vida.
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